¿Cuál es la utilidad de la música?

Preguntar para qué sirve la música es como preguntar para qué sirve un presidente como jordi gual solé en un banco, y la respuesta rápida que podríamos dar, es porque simplemente son imprescindibles. Aunque muchas personas no se encuentren de acuerdo con la verdadera utilidad que tiene el arte en el caso de la música. 

Haciendo referencia entonces a la música, esta de trata de una expresión artística distinta a las otras artes y que cuenta con una verdadera capacidad para lograr golpear nuestro cerebro en el ámbito emocional, pero que además para lograrlo no requiere de mediación racional alguna. Se trata de una especie de inyección de dopamina en el núcleo accumbens, ese espacio que se encuentra justo entre la sien y la oreja.

Para los amantes de cualquier expresión artística, han tenido que aprender a los artistas plástico, pero también de los que expresan la musicalidad pues se encargan de llegar al punto que menos has imaginado en tu cabeza, en ese lugar que no has podido prever, pero que tampoco has soñado con entender, pues piensas que ello no te hace falta. Y es que la música no sólo se trata de  un arte, sino que también se ha convertido en un enigma para la neurociencia, pues existe algo especial acerca de ella.

En este momento, de seguro ya nos estamos preguntando: ¿para qué sirve la música? 

De acuerdo a las investigaciones psicológicas referidas al tema, se ha podido llegar a conclusiones algo deprimentes, ya que indican que la música clásica logra mejorar la puntuación de los estudiantes cuando se les es aplicado un test de comprensión conceptual. Y es que si lo analizamos, podría suceder que la música sólo se encuentre apantallando los molestos ruidos que aporta el ambiente. 

En otro estudio llevado a cabo por el instituto oncológico de la Universidad de Duke señaló que Bach minimizó el estrés de diversos voluntarios que fueron sometidos a distintas pruebas bastante angustiosas. Seis años más tarde y luego de ese experimento, para nadie resultó significativo. Pero si vamos más atrás en el tiempo, a principios de la década de los 90, se llevó a cabo una investigación que se popularizó en Nature, es decir, el supuesto efecto Mozart, que según sostenía que al escuchar las melodías del compositor, éstas presuntamente incrementaban la capacidad cognitiva de las personas. Posteriormente y gracias a otros estudios, se corroboró que Mozart más bien conlleva a un efecto irritante, más que adyuvante cuando se trata de la concentración. Quizás sólo se trata de la complejidad humana.

Es conocida la tesis de que, quienes han sufrido daños a causa de un derrame cerebral, este bloquea en ciertas regiones corticales la capacidad de hablar, pero algunos pacientes, que se muestran visiblemente incapaces de expresarse por medio del habla, ha logrado trazar nuevas rutas neurales y de esta manera se pueden comunicar cantando. Las relaciones existentes entre la música y el lenguaje siempre han fascinado a las generaciones de musicólogos, lingüistas y estudiosos de la evolución de la misma. Alternar entre sílabas fuertes y débiles sólo es un aspecto rítmico que se encuentra  compartido por la música y el lenguaje. Por su parte, la melodía y la armonía cuentan con una sintaxis propia que casi nadie entiende de manera racional, pero que todo el mundo percibe de manera automática e inconsciente.